Reflexión sobre los primeros grados de la O.T.O
- Gnosis de Thelema
- 6 mar
- 6 Min. de lectura

Hacer la Voluntad ha de ser el todo de la Ley
Dentro del trabajo operativo de la O.T.O. ocurre algo similar a lo que vimos en nuestro artículo “Montaña Sagrada Abiegnus” una metáfora iniciática en la que la montaña y la espina dorsal aparecen como mapas análogos del proceso de iniciación.
Aunque Aleister Crowley nunca publicó de manera abierta una correspondencia sistemática entre los grados de la O.T.O, los sephirot del Árbol de la Vida y los centros energéticos del cuerpo (chakras), sus anotaciones, rituales y las correspondencias operativas del Liber 777 nos permiten entrever un esquema coherente orientado hacia esa correlación. Las ceremonias de iniciación en la O.T.O. contienen un componente simbólico-operativo que actúa sobre zonas específicas de poder en el organismo sutil del aspirante, activando dinámicas psicoenergéticas que transforman la conciencia y marcan una ruta de avance dentro del sistema.

El viaje inicia en el Grado Minerval (0°), que simbólicamente se sitúa en la base y en la cima de la montaña a la vez, es una etapa introductoria en la que el aspirante decide si desea asumir el trabajo, aquí el ego, un dios errante es atraído al Sistema Solar, a la Vida. Este grado introduce el principio de flujo asociado a la fórmula ON, entendida como fuerza solar que alimenta la vida del planeta y genera en el ser humano una corriente vital comparable al Prana, el Vril, el Mana, o el Qi. ON se manifiesta como una polaridad entre la base material representada por un lado en Mūlādhāra chakra y en las Sephirah Malkuth-Yesod (Néfesh נפש), y por el otro lado en la conciencia superior Ājñā Chakra y la Sephirah Chokmah (Chayah חיה).
La interacción entre Mūlādhāra y Ājñā pone en movimiento a Kuṇḍalinī Śakti, la serpiente de fuego una luz fluida y magnética que atraviesa todo el organismo sutil. Cuando esta luz entra en movimiento se vuelve volátil, en el lenguaje alquímico se convierte en el Azufre el principio ígneo y activo.
El Azufre se vincula simbólicamente con la imagen del volcán, el fuego al interior de la Montaña Sagrada, la lava transporta la potencia latente que yace en las profundidades azufrando toda la montaña. En la persona ordinaria, la energía de Kundalini reposa inmóvil, semejante a lava endurecida, esta lava en el practicante debe calentarse gradualmente mediante la práctica de ejercicios mágicos dados en la instrucción oral.
Aunque aún inconsciente de esta fuerza y de su fórmula operativa, al Minerval se le dice: “Sin reservas, depositamos el poder en tus manos”. Esa luz interior es comparable a un volcán en erupción, que irrumpe desde el centro de la tierra y revela la potencia creadora contenida en las profundidades del ser.
La energía vital alojada en el interior del Minerval se presenta como un fenómeno psico-energético cuya dirección depende de la conciencia, la concentración deliberada sombre ciertos símbolos sumado a los trabajos de yoga que activan zonas de poder en el cuerpo.
El nacimiento ocurre en el Grado I° y se relaciona con el Chakra Viśuddhi y la sephirah Binah. Este grado corresponde a una etapa de Purificación vibratoria, mediante la cual descienden las cualidades de la Shekinah, activadas por el empoderamiento del centro laríngeo. Binah expresa el poder espiritual que impulsa el refinamiento y la maduración interior; el centro de la garganta implica rectificación de la expresión, aprende a vocalizar los mantras de la tradición y a generar estabilidad por medio de prácticas bioenergéticas organizadas de acuerdo con los doce signos zodiacales y los cuatro elementos.
El grado de Mago II° corresponde a la experiencia de la Vida y opera en el chakra Anāhata, vinculado al equilibrio entre las sephiroth de Chesed, Geburah y Tiphareth. Tras la purificación del cuerpo sutil, el aspirante da sus primeros pasos en la magia operativa y la taumaturgia, aprendiendo a dirigir conscientemente la energía vital hacia el conocimiento y la ejecución de su Verdadera Voluntad.
Aunque los demás grados representan umbrales críticos, el trabajo iniciático posterior constituye una profundización progresiva de la experiencia de la vida simbolizada en este grado, porque cuando Kuṇḍalinī alcanza el Santuario interior, simbolizado en la cripta de los adeptos de Tiphareth (Ruach), centro solar que corresponde al corazón sutil de Anāhata, comienza a manifestarse la guía del Sagrado Ángel Guardián, que instruye gradualmente sobre el proceso de reintegración espiritual, la reconquista del Paraíso perdido y la restauración del orden interior del templo.
En este centro se establece una relación armónica entre el yo inferior (la personalidad) y el Yo superior, (el Ruach) en su función equilibrada y luminosa. La conciencia deja de estar fragmentada, las fuerzas instintivas, psíquicas y espirituales comienzan a cooperar bajo una dirección unificada, permitiendo que la vida interior se organice en torno al centro solar de conciencia.
El Grado III° Mago Maestro señala la entrada consciente en el misterio de la muerte iniciática, la comprensión de los mitos de los dioses moribundos en el Eón actual y la recepción de la Palabra Perdida, por lo general es Saladino (1137-1193) el iniciador de este paso, mostrando los misterios de Medio Oriente a la Orden Templaría. Se trabaja dentro de un periodo de “muerte” ritual de al menos cincuenta días, caracterizado por soledad, silencio y alejamiento de la logia, un trabajo de insolación ritual. En este retiro, el iniciado confronta directamente el misterio de la existencia, asimilando que vida y muerte son fases parciales de una realidad más vasta, e inicia un sādhana de devoción interna, un kumbhaka interior en todo el sentido de la Palabra Secreta que calienta el fuego oculto en su interior que lo renovara por completo.

En términos energéticos y simbólicos, este tránsito se sitúa en Svādhiṣṭhāna Chakra y la sephiroth de Hod. En el silencio se opera la muerte de la personalidad mundana, la energía creativa deja de actuar como impulso ciego y es integrada en la conciencia mediante devoción y aislamiento.
La recepción de la Palabra sagrada de cuatro letras, cuyo valor gemátrico es 93, encierra el arcano de la muerte y el renacimiento, sobre el cual se meditará a lo largo de este periodo. Su comprensión exige estudio cabalístico y mitológico profundo, pues a través de ella el adepto atraviesa los valles de la muerte y participa del flujo total de la existencia.
El relato que acompaña el grado evoca, en su estructura simbólica, al grado de maestro masón, pero aquí la figura central es no es Hiram Abiff maestro constructor del Templo de Salomón, sino Mansur al-Hallaj, una figura mística del sufismo del siglo X. Mansur todas las mañanas se dirigía al centro de la gran ciudad a dar su prédica, y proclamaba “Yo soy la Verdad y Dios no se encuentra en otra parte salvo dentro de mi turbante”, así el Maestro Sufi afirmaba la identifica con la Realidad esencial de todas las cosas. Es por esta declaración que es apedreado tres veces y finalmente ejecutado, su cuerpo arrojado a un pozo. Es con el uso de la Palabra Perdida que sus tres estudiantes lo hacen revivir, usualmente la palabra Masónica es Yabulon, en la OTO cambia, pero el sentido es el mismo, es la Verdad la que se levanta donde el individuo ha sido destruido IAO, la formula de la muerte y la resurrección, central en el Eon de Piscis. Este motivo tripartito refleja la disolución progresiva de las envolturas del yo y su reintegración en una conciencia más amplia, en el proceso de insolación que narra el mito.
Desde estas primeras perspectivas, el sistema iniciático de la O.T.O. funciona como una tecnología de la conciencia. Cada grado activa un centro energético y su correlato sephirótico, permitiendo que la energía vital ascienda, se reorganice y finalmente se reintegre en un eje unificado. La iniciación describe una alquimia viviente, análoga al símbolo de la Montaña Sagrada, el cuerpo se convierte en templo, la energía en poder creativo y la conciencia en la luz que dirige la obra.
La mente produce vibraciones que se reflejan en el plano material, atrayendo circunstancias acordes con los contenidos psíquicos que se han cultivado. Incluso en la actividad sexual, el calor inicia en la mente asociada a Chokmah-Ajna y sólo después se manifiesta en el cuerpo, en Malkuth, activando la libido.
El recorrido describe un ascenso progresivo: desde la energía vital instintiva hasta la conciencia iluminada, desde la dispersión hasta la dirección consciente, desde la dualidad hasta la integración. El corazón aparece como centro operativo de reconciliación; la garganta, como poder vibratorio creador; y el centro de la visión, Ājñā, como sede de la dirección consciente.

El iniciado transforma la materia y eleva la energía vital, refinándola y convirtiéndola en conciencia luminosa, realizando en el microcosmos humano la unión de los principios y la finalidad de la obra iniciática.
Como hemos visto hasta este momento, el símbolo de la montaña sagrada es el lugar de trabajo que todo adepto debe escalar. El monte es el Santo Ángel Guardián, el punto más elevado de la geografía interior, los cuatro elementos equilibrados por la quinta esencia del espíritu, las cuatro puntas de la base de la pirámide, que hacen descender al ángel por medio del pilar central, una vez en la cima se proyecta al firmamento del cielo estrellado de Nu, cruzando el abismo. Solo podemos ver todo el potencial que tiene Thelema a la luz del estudio de sus raíces, todas describen al ser humano como un microcosmos en proceso de alineación con un orden superior, y todas afirman que la transformación no ocurre sino trabajo arduo del proceso. Ora et Labora
Amor es la Ley amor bajo Voluntad





Comentarios