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Reflexiones acerca de la Montaña Sagrada Abiegnus como metáfora del camino iniciático



"Hacer la Voluntad ha de ser el todo de la Ley"


El símbolo de la montaña sagrada aparece en muchas tradiciones espirituales asociado al proceso iniciático. El ascenso a la montaña representa, en múltiples mitos, el viaje del Héroe en busca de conocimiento. Las cimas han sido entendidas como el lugar donde la tierra se une con el cielo; por lo tanto, como un punto de encuentro entre el ser humano y los dioses. El prototipo clásico de este mito es Moisés, que sube al monte Sinaí para ir al encuentro con Ehyeh, dice Ex 19; 20-21: “El Señor bajó al monte Sinaí, a la cumbre del monte; llamó el Señor a Moisés a la cima de la montaña y Moisés subió.”


La montaña es un símbolo sagrado de tránsito del mundo profano al mundo sagrado. En la cima, el cielo estrellado se abre y se recibe el néctar de las estrellas, el Amrita. También representa el descenso de la divinidad a la tierra, el lugar hierofánico donde se da la comunicación con entidades de un orden superior a la raza humana. Por eso la montaña es el lugar de las visiones y de las teofanías. Es el templo, el altar, la Kaaba, donde el espíritu desciende a la tierra “como una estrella flamígera sobre la oscuridad de la Tierra” (Liber LXV).


Ahora bien, la fuerza de las montañas proviene del fuego en su interior, que purifica los metales impuros, transmutándolos y refinándolos en metales preciosos. El símbolo hierofanico es el mismo, en el interior de la montaña se encuentran las minas del Rey Salomón, las minas del Oro Filosófico, donde los alquimistas extraen las joyas destiladas de la emanación de las estrellas.


Por lo tanto, el Urano-Cielo y la Ctónica-Tierra se reúnen en un mismo espacio para describir el proceso iniciático en la tumba de los Adeptos. Vamos a desarrollar este símbolo iniciático a lo largo de este ensayo.



En las tradiciones orientales encontramos el símbolo del Monte Meru. En el Yoga de Patanjali la montaña sagrada no solo representa el centro del universo, alrededor del cual se articulan los planos del ser, los dioses y todo el movimiento del cosmos, sino que representa la espina dorsal del practicante de Yoga, el Meru interior.

En la tradición de Kundalini Yoga, la columna vertebral simboliza el eje por el que asciende la energía vital, Shakti Kundalini. Esta imagen describe un proceso gradual de elevación de la conciencia a través de centros sutiles, donde el cuerpo humano reproduce, en clave microcósmica, una arquitectura del cosmos.



La fisiología sutil en la India enseña que hay una canal central que pasa dentro de la Columba Vertebral por el cual asciende kundalinī el Suṣumṇā Nāḍī. Kundalini representa una energía serpentina latente en la base de la columna, vinculada a los centros inferiores (Mūlādhāra o Svādhiṣṭhāna Chrakas), mediante meditación y prácticas psicofísicas, esa energía se despierta y asciende hasta Sahasrāra, el chakra de la coronilla, descrito como la “flor de mil pétalos”, en este punto culminante, la energía individual se orienta hacia la unión con lo absoluto, convertirse en una estrella en el cuerpo de Nuit.


Todos estos símbolos nos hablan de una montaña Sagrada, que se concibe como santuario interior, cuyo centro es un núcleo irradiador de poder.  Aquí la montaña sagrada se convierte en una clave hermética del macrocosmos estructurado y, al mismo tiempo, modelo del camino interior del microcosmos y del proceso iniciático.



En la Alquimia Taoísta de China la Montaña sagrada aparece como un mapa que coloca énfasis en la circulación y refinamiento de la energía vital, conservando la misma intuición del acenso gradual del iniciado mediante la maduración interior.


En la base está la vida concreta, el trabajo, el cuerpo, la subsistencia, ahí se forma la vitalidad en contacto con la tierra y los ritmos naturales. Luego viene el dominio consciente del Qi (Prana) mediante la respiración y las técnicas internas, hasta refinar la energía. En los niveles superiores se armonizan Yin y Yang, y la energía circula sin obstrucción por el cuerpo.



Nuevamente en la alquimia europea del siglo XVI Y XVII encontramos el emblema de la “Montaña Filosófica” en el texto “Philosophia Reformata” (1622) del alquimista rosacruz Johann Daniel Mylius, se presenta esta imagen como un mapa de las operaciones de transmutación del Alquimista. La montaña se construye como un eje vertical que ordena niveles de trabajo al igual que la montaña en el taoismo. En la base se encuentra una caverna y un hombre desnudo que nos habla del sujeto en estado inicial, todavía no transmutado. En la base de la monta se encuentra el aspirante, el Minerval (0°), en completa desnudez operativa, su misión en esta primera etapa consiste en fortalecer su disciplina y su voluntad, con un ejercicio cualquiera, simple, pero que sea el barómetro de su avance y compromiso.

En esta etapa la labor central es reconocer la naturaleza del mundo que lo rodea y sus relaciones afectivas con la propia naturaleza. Se exploran las resistencias inconscientes a la acción y las motivaciones que la sostienen. Es un tránsito del caos interior hacia una orientación más clara de los contenidos mentales, espirituales e instintivos.

El este símbolo la Montaña Sagrada se encuentra rodeada por un recinto amurallado que contiene su sentido operativo. Dentro de este espacio protegido aparece el castillo, motivo central de la alquimia operativa del siglo XVII, la obra madura en un ámbito sellado y hermético. La muralla señala la protección del secreto, la concentración del trabajo y la continuidad del método, el castillo sugiere el cuerpo-templo del adepto y el “laboratorio” interior donde se estabilizan las operaciones alquímicas.

Al leer estas imágenes en paralelo, el símbolo de montaña adquiere más sentido, son metáforas complementarias del proceso de refinamiento. Cada uno de estos sistemas conecta con una fuente primordial de la Sabiduría Perenne, que nos habla de prácticas y operaciones que llevan al ser humano a elevarse de su condición de animal gregario a la edificación de sí, a la producción del Genio interior.

La idea de cueva, tumba, bóveda o mina en el interior de la montaña sagrada es clave en la imaginación rosacruz de la Cripta del Maestro.



En el ritual de Adepto Menor de la Golden Dawn (5=6), el candidato es conducido a la Bóveda de los Adeptos; esta bóveda representa la tumba de Christian Rosenkreutz, una caverna iniciática en el interior de la Montaña Sagrada. En el ritual de iniciación aparece como “La Montaña Mística Abiegnus” la montaña iniciática que funciona como santuario de la Segunda Orden. En los comentarios iniciáticos de Israel Regardie sobre la Golden Dawn Abiegnus tiene tres niveles de comprensión: Abi-Agnus, “Cordero del Padre”; Abi-Genos, “Nacido del Padre”; y Bia-Genos, “Fuerza de nuestra raza o linaje”. En conjunto, Abiegnus opera como un nombre compuesto para el Adepto Menor, que sugiere la naturaleza del Adepto como hijo del Padre, Cordero Sacrificial y fuerza regeneradora del linaje espiritual en la Orden.

Mons Abiegnus es una expresión latina que alude etimológicamente a un monte cubierto de abetos. El abeto es un árbol de clima frío emparentado con el pino, posee forma cónica como una montaña, una pirámide o un falo, permanece siempre verde y crece en regiones montañosas; su madera recta y firme evoca la imagen de un pilar o columna sagrada, el Himno a Pan reza:


“La enmarañada arboleda, el nudoso troncodel árbol viviente que es espíritu y almay cuerpo y cerebro, ven desde el mar,(¡Io Pan! ¡Io Pan!)demonio o dios, ven a mí, ven a mí,¡mi hombre, mi hombre!”


Como podemos ver, la forma de la Montaña Mística Abiegnus, el Monte Meru, el eje de la espina dorsal y la silueta cónica del árbol de Abeto convergen en una misma metáfora del camino iniciático.


Amor es la Ley, Amor bajo la Voluntad

 
 
 

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