Neoplatonismo- Teurgia, el linaje del Daimón personal hasta la corriente 93 de Thelema
- Gnosis de Thelema
- 10 mar
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Hacer la voluntad ha de ser el todo de la Ley
Durante mucho tiempo Thelema ha sido presentada como un espectáculo publicitario por personas que buscan reconocimiento asociándolo al satanismo, a la magia negra y a un sinfín de interpretaciones superficiales que nacen más del miedo y de la ignorancia que del estudio serio de las ciencias herméticas. Este tipo de representaciones, amplificadas en los medios y en las redes sociales, han contribuido a deformar profundamente la comprensión de una tradición espiritual que posee raíces filosóficas e iniciáticas mucho más profundas de lo que suele suponerse.
No niego que esta haya sido la intención inicial de A. Crowley; sin embargo, la investigación práctica y teórica nos conduce más allá de las interpretaciones que él mismo propuso acerca de su obra. El presente ensayo se propone examinar Thelema desde una perspectiva histórica y espiritual más amplia. Lejos de la caricatura de “magia negra” que algunos esperan encontrar, la corriente thelémica puede comprenderse como la manifestación moderna de una tradición espiritual mucho más antigua, cuyo linaje se remonta a la teurgia de los neoplatónicos.
En esta tradición, pensadores como Jámblico siglo III desarrollaron una comprensión de la práctica ritual como un medio de unión con lo divino, orientada hacia la theosis, es decir, la elevación mística del alma y su progresiva reintegración en la realidad espiritual. Desde esta perspectiva, el ritual constituye una disciplina espiritual destinada a restablecer el vínculo entre el ser humano y el orden divino del cosmos, permitiendo que el alma recuerde su origen y ascienda nuevamente hacia las realidades superiores.

Dentro de este horizonte, la búsqueda del daimón personal (Agahotdaemon) el espíritu tutelar o guía interior, influyente en la Filosofía desde Sócrates, adquiere un papel central como principio mediador entre el ser humano y el orden divino del cosmos. La tradición thelémica retomará esta estructura simbólica bajo la figura del Santo Ángel Guardián, situando su realización como eje del trabajo espiritual. De este modo, Thelema no aparece como una corriente aislada surgida exclusivamente de la mente de Aleister Crowley como lo veremos en este ensayo, sino como la expresión contemporánea de una corriente espiritual antigua que se reactualiza con nueva fuerza en el mundo moderno.
La conexión entre Neoplatonismo y Thelema se vuelven particularmente visibles cuando se examinan ciertos textos rituales de la tradición thelémica. Entre ellos pondré como ejemplo El Ritual de la Estrella Rubi y el Liber Samekh, el Rito del No Nacido.

El Ritual de la Estrella de Rubi, cuya formulación aparece en el Liber 333 CCCXXXIII (The Book of Lies) lejos de ser una mera invención aislada de Crowley, revela una profunda continuidad simbólica con tradiciones teúrgicas mucho más antiguas, especialmente con el corpus de los Oráculos Caldeos siglo II, textos considerados por los neoplatónicos como revelaciones sagradas y utilizados como fundamento doctrinal de la práctica teúrgica.
Los Oráculos Caldeos describen un universo jerárquico atravesado por potencias divinas y mediadoras, donde el fuego intelectual y las invocaciones rituales permiten al alma ascender hacia las realidades superiores.
Este lenguaje ritual y cosmológico encuentra también paralelos notables en los Papiros Mágicos Greco-Egipcios (PGM), de los que S. L. MacGregor Mathers extrajo parte de su intuición para el Ritual del No Nacido, más tarde reelaborado por Crowley en el Liber Samekh. Allí aparecen fórmulas invocatorias, voces bárbaras y procedimientos orientados al contacto con las potencias intermedias del cosmos. En ambos casos, el ritual se entiende como una operación espiritual destinada a transformar al practicante y a despertar en él una dimensión superior de conciencia.
Desde esta perspectiva, la obra de Aleister Crowley puede interpretarse de una manera más compleja que la que suele presentar la literatura popular. Más que el fundador absoluto de una nueva religión o sistema mágico, Crowley aparece como un canal o médium a través del cual una corriente espiritual muy antigua vuelve a manifestarse en la modernidad. La tradición teúrgica, que había sobrevivido fragmentariamente en el hermetismo tardío, en la magia renacentista y en diversas corrientes esotéricas occidentales, encuentra en Thelema una nueva formulación adaptada al horizonte espiritual del mundo contemporáneo.
Comprender este trasfondo permite situar a Thelema dentro de una genealogía filosófica y ritual mucho más amplia, que conecta la teurgia neoplatónica, los Oráculos Caldeos, los Papiros Mágicos Greco-Egipcios y la tradición hermética occidental. Desde esta perspectiva, la corriente 93 de Thelema puede entenderse como la reaparición de una antigua tradición teúrgica, centrada en la realización del daimón interior y en la reintegración del ser humano en el orden divino del cosmos, una tradición cuya profundidad contrasta radicalmente con las simplificaciones sensacionalistas que con frecuencia pretenden representarla.
Neoplatonismo

El neoplatonismo es una corriente espiritual y de pensamiento que surge en el siglo III d.C., sistematizada inicialmente en las Eneas[1] por el filósofo helénico de ascendencia egipcia Plotino (205–270), cuya enseñanza en Roma dio forma a una metafísica rigurosa orientada a las enseñanzas de Platón. Su pensamiento fue organizado y editado por su discípulo Porfirio (c. 234–305), quien no solo preservó las Enéadas, sino que integró herramientas lógicas aristotélicas y consolidó el carácter sistemático de la escuela, editando y reordenando el material dejado por su maestro.
Su discípulo Jámblico (c. 245–325) amplió el horizonte doctrinal introduciendo una teología más compleja y afirmando la necesidad de la Teúrgia Operativa (Los rituales) como vía de unión con lo divino. Con él, el neoplatonismo dejó de ser únicamente una metafísica filosófica para convertirse también en una Disciplina Operativa, donde el Ritual y la mediación simbólica ocupan un lugar central.
Por lo tanto, cuando hablamos de neoplatonismo, hablamos de un conjunto de escuelas de los siglos III, IV y V que parten del corpus platónico, pero integran elementos del hermetismo, el gnosticismo, del pitagórismo y la filosofía aristotélica. A este horizonte se suma la magia practica de los Papiros Mágicos Greco Egipcios[2] y un cuerpo de poemas metafísicos conocidos como los Oráculos Caldeos, atribuidos en la Antigüedad a Juliano el Teúrgo y a su padre Juliano el Caldeo, escritos aproximadamente en el siglo II.
Cosmogonía Neoplatónica
El núcleo teológico de la escuela es a la vez cosmogónico y ontológico, es la explicación del universo como emanación y retorno, desde allí se abordan los problemas del ser, y del destino del alma. Inicialmente Plotino retoma del pitagorismo la idea de la unidad como principio matemático y ontológico. Es la Mónada (μονάς) desde la cual se despliega la multiplicidad del universo aparente, del Uno (1) surge el Dos (2) y de él el Tres (3) … Al igual que Pitágoras explica que todo emana del Uno, que es un principio absolutamente trascendente, más allá del ser y del pensamiento. Del Uno proceden todas las cosas, no porque el Uno haya tenido una voluntad deliberada de creación, sino porque su naturaleza es el desbordamiento de su luz.
Para la tradición pitagórica, la Mónada (μονάς) no es un número entre otros, sino el principio mismo del cual el número surge. En relación con esto aparece también la noción de lo indefinido o ilimitado, el ἄπειρον (Apeiron), aquello que carece de determinación y precede a toda forma y medida. Plotino retoma esta intuición pitagórica y la formula en términos metafísicos, el Uno (τὸ ἕν) se encuentra más allá del ser y del pensamiento, como principio absolutamente trascendente del cual todo emana. De este modo, la metafísica neoplatónica puede entenderse como una profundización filosófica de la antigua intuición pitagórica acerca del origen de la realidad.
Ahora bien, de este Uno que habita en la esfera de lo ininteligible e inefable, emana el Nous (la multiplicidad), ámbito de las Formas inteligibles y conocibles, en clave neoplatónica, el Nous es el plano de las Ideas, el lugar donde lo múltiple se manifiesta como un orden y con una estructura jerárquica. En tercer lugar, el proceso de emanación continua y del Nous, emana el Alma (Psyché), Alma universal (Anima Mundi), mediadora entre el plano de las ideas inteligible y el mundo sensible que habitamos. Por ultimo tendremos la emanación de la Psique individual, las almas individuales, “chispas” que descienden hacia la vida encarnada de la gestación sin perder del todo su orientación divina.
De esta de manera la ontología del Neoplatonismo marca una emanación desde lo Uno a lo Múltiple, de lo Múltiple al Alma del Mundo y de ahí a la Psique individual.

Definamos que en el neoplatonismo hay una idea común, compartida por distintas escuelas, que existe un principio trascendente y único del que depende todo lo real. Esta idea puede rastrearse ya algunos siglos antes en el filósofo presocrático Parménides de Elea (siglo VI a. C.), quien desarrolla una ontología del Ser como realidad eterna, única e inmutable. Desde esta perspectiva, la multiplicidad que percibimos en el mundo sensible aparece como una apariencia o ilusión frente a la unidad absoluta del Ser.
Ahora bien, ¿qué quieren decir los neoplatónicos cuando se refieren a este Uno? No todas las escuelas lo definen de la misma forma, y tampoco lo describen con un único concepto, Platón le llama el Supremo Bien, Plotino el Uno, Pitágoras el Apeiron, fuente prístina, de donde surge la multiplicidad de dioses o potencias intermedias.
En Plotino, el Uno es tan trascendente que no puede captarse con categorías habituales, está “más allá” del ser y del pensamiento, por eso su lenguaje tiende a lo apofático, solo puede insinuarse mediante negaciones más que mediante afirmaciones.
Este planteamiento tiene un paralelo sugerente en la Cábala medieval, donde aparecen las

nociones de Ain, Ain Soph y Ain Soph Aur, de las que emana Keter, la primera sefirah del Árbol de la Vida, que más que ser un algo, es lo que permite la posibilidad de todo. En ambos casos se apunta a un símbolo de lo inefable, más allá de cualquier concepto o imagen. La relación con la cábala judia no tiene que entenderse como identidad histórica, sino como semejanza hermenéutica, se intenta nombrar aquello que, por definición, no se deja nombrar.
Esta primera caracterización del Uno como inefable e ininteligible se complementa con otra idea central, el Uno también actúa como fuente activa y fecunda. Todo procede de él, no por un acto de “creación” voluntaria, sino por emanación; el ser se despliega como una irradiación, como el sol cuya naturaleza es dar su luz. En Jámblico, el Uno permanece trascendente e inaccesible, ajeno a toda determinación, y es precisamente esa trascendencia la que vuelve necesaria una jerarquía de mediaciones, una multiplicidad, una estructura completa de niveles divinos.
Es Jámblico quien introduce, con especial claridad, la idea de los “Superiores”, una cadena ordenada de seres espirituales que conecta a la humanidad con el principio supremo. El filósofo e historiador de las religiones Henry Corbin (1903-1978) de forma similar habla del sufismo como una tradición espiritual donde el universo está mediado por una jerarquía de ángeles o inteligencias espirituales, lo mismo podemos ver en el cristianismo con los coros y jerarquías de Angeles.
En todas estas alegorías, las inteligencias espirituales actúan como mediadoras, transmiten a los hombres disposiciones divinas y los elevan hacia el Uno, que en este contexto podría compararse con el Kether de nuestro Árbol Sephirótico dentro del proceso de la A∴A∴. Cuanto más alto e inaccesible es el principio supremo, más necesaria se vuelve una estructura jerárquica que haga posible la comunicación entre lo humano y lo divino. Desde una hermenéutica del sentido, esta idea recuerda también la concepción de la teosofía moderna de Madame Blavatsky acerca de los Jefes Secretos o Mahatmas, entendidos como guías ocultos de la humanidad.
Volvamos a Jámblico. Sin duda se trata de un filósofo pagano, que sostiene que el mundo está habitado por criaturas espirituales de múltiples tipos y niveles. Desde esta perspectiva, para los neoplatónicos el universo se encuentra encantado y vivo, capaz de responder a los actos rituales y a los símbolos sagrados. El cosmos es, por tanto, responsivo, reacciona ante la actividad ritual mediante aquello que los griegos llamaban τελεστική (telestikē), el arte sagrado por el cual los ritos y los símbolos permiten la acción efectiva de las potencias divinas en el mundo. Esta sensibilidad tiene un tono animista, cercano a lo que hoy asociamos con el chamanismo, el universo aparece como un ámbito vivo, lleno de presencias y dinámicas mágicas.

En conjunto, este universo poblado de mediaciones ayuda a comprender por qué, para el neoplatonismo tardío, la jerarquía espiritual hace parte de su explicación del mundo, y de su ontología.
Pero esta emanación implica también una reintegración del todo, lo múltiple retorna (epistrophé) a su causa a su origen, lo indeterminado.
Esta relación simbólica la vemos en el ritual de iniciación del Minerval grado 0° de la OTO, Saladino le dice al candidato:

“El ser humano permanece ciego desde su nacimiento hasta su muerte. En lo más profundo del corazón suele arraigarse un deseo ardiente de ver la Luz; pero la vida es breve que pocos lo alcanzan plenamente. Para la mayoría, lo máximo que puede esperarse es recibir apenas unas gotas de esa luz que viene de más allá. Aun así, ese ideal es el que nos fortalece y nos anima en el viaje de retorno hacia la fuente”
En el ser humano, este proceso se realiza por medio de la purificación así, el alma individual se libera de la dispersión sensible y asciende hacia el Nous por contemplación, y posteriormente alcanza la comunión, la Eucaristía con el Uno, como un modo de conocimiento supra intelectual, esta es la Gnosis pura de la antigüedad neoplatónica que en Thelema puede leerse a la luz de la fórmula de la Eucaristía, el gnosticismo implícito en la Misa Gnostica Liber XV.
En Plotino, el retorno o elevación del alma se realiza principalmente por la vía filosófica y la contemplación espiritual. Sin embargo, es Jámblico quien introduce un cambio decisivo dentro del neoplatonismo al sostener que el intelecto humano por sí solo no basta para alcanzar lo divino. Para ello se requiere de la Teurgia (del θεός-dios y ἔργον-obra o actividad), θεουργία = la “obra divina”, que implica el uso de ritos sagrados, invocaciones, símbolos y el trabajo con potencias espirituales intermedias.
Este es sentido paralelo de la Misa Gnóstica el ritual privado y público de la OTO, es una Alquimia mística orientada a la unión con lo sagrado, una forma de comunión que puede describirse, como Eucaristía.
La idea de Daemon Tutelar de los Neoplatonicos y la Idea de C&C con el SAG
En este contexto reaparece con fuerza la idea del Daimón Tutelar, ya señalada por Platón en la figura de su maestro Sócrates en el Banquete, un mediador espiritual que guía al alma en su ascenso.
De esta manera tenemos que, para el enfoque Neoplatónico, la filosofía purifica la mente intelectual, la religión ofrece al alma una orientación simbólica y la Teúrgia permite la mediación con lo sagrado por medio de los rituales. Estas tres dimensiones importantes para Jambrico se deben integrar a la Ética del Teúrgo, y ser también una ontología estética, es decir debe ser en un estilo de vida, es en su cotidianidad donde deben aplicarse estas tres dimensiones.
La teúrgia tiene como fin volverse lo más semejante posible a los propios Dioses, divinizar al ser humano (Theosis). Sin embargo, al lado de la teúrgia de los primeros siglos, cohabitaban varias formas de hechicería y magia operacional que siguiendo el trabajo de Frater Acher, se les denominaban Goēs, un especialista ritual que trabajaba con espíritus y daimones del ámbito ctónico o sublunar, muchas veces en contextos funerarios, de adivinación o contacto con los muertos.
Para Jámbico la hechicería de la magia popular de su época era perniciosa, sin embargo, el Teurgo se sirve de estas herramientas también, evoca dioses por medio de estatuillas, trabaja con talismanes, con daimones, hace ritos de purificación, de curación, pero a diferencia de los Goes, el teúrgo coloca como eje central la Operación Congressus cum Daemone, la invocación del daimon personal.
El congressus cum daemone es la operación de Teurgia más importante para Jámblico, porque sólo a través del daimon personal el practicante puede elevarse por los planos. Es aquí donde la corriente 93 se articula nuevamente con el Neoplatonsmo al clocar la experiencia del conocimiento y conversación con el Santo Ángel Guardián como la experiencia central de Thelema, en la introducción del Ritual del No- Nacido en Magia en Teoría y Practica Liber ABA, nos dirige:
“Nunca debe olvidarse ni por un solo momento que el trabajo central y esencial del mago es la obtención del Conocimiento y la Conversación del Santo Ángel Guardián.” Liber Samekh
Los Papiros Mágicos Greco-Egipcios (PGM), que circulaban en el mundo helenístico, también influyeron en el horizonte ritual de la antigüedad tardía y conservaron fórmulas destinadas al contacto con el daimón personal. De este corpus procede el texto PGM V. 96–172, conocido como el ritual del “Bornless / Headless One” (Akephalos). S. L. MacGregor Mathers tomó este material y lo adaptó dentro de un marco teúrgico, orientándolo hacia una operación destinada a la obtención del Conocimiento y Conversación del Santo Ángel Guardián. Posteriormente Aleister Crowley lo reformuló en el Liber Samekh, el llamado Ritual del No-Nacido, práctica que él mismo relacionó con la experiencia de contacto en 1904 con una inteligencia suprahumana conocida como Aiwass, quien habría dictado el Liber AL vel Legis, texto fundacional de la tradición de Thelema. Como hemos visto Thelema no aparece de la nada en 1904, se inserta en un linaje mágico que hereda prácticas y marcos operativos provenientes de la antigüedad.
El Liber Samekh

La corriente 93 de Thelema, en manos de Crowley, reedita el ritual transmitido por Mathers
en 1923 bajo el título Liber Samekh: Theurgia-Goetia Summa (Congressus cum Daemone). Para Crowley, este ritual funcionaba en dos ejes, primero como operación de Teurgia, y segundo como una operación preparatoria vinculada a su praxis con el Goétia, especialmente al trabajo con los 72 espíritus de la Clavicula Salomonis Regis. El ritual operaba como una invocación de orientación interior previa al trato con estas potencias.
De este modo, en el propio título del Liber Samekh se insinúa una articulación entre teurgia y goêsia como dos dimensiones complementarias del núcleo operativo de Thelema, la primera orientada al ascenso del alma, al contacto con el Daemon o principio tutelar y a la unión con la guía superior; la segunda, al trato regulado con potencias del ámbito sublunar bajo el imperio de la Voluntad. Esta doble estructura permite comprender que, dentro de la corriente thelémica, la operación ritual no se reduce a una práctica devocional ni a una técnica de evocación aislada, sino que constituye una verdadera ciencia espiritual de mediación, orientación y gobierno.
“También aprenderá y enseñará los mantras y los encantamientos; el Oeah y el Wanga; el significado de los bastos y las espadas”. Liber AL Cap I: 37
Este tipo de investigación permite comprender a Thelema dentro de un horizonte histórico más amplio, donde las prácticas rituales y las concepciones metafísicas de la antigüedad tardía reaparecen reformuladas en el mundo moderno. La articulación entre teurgia y goêsia, lejos de representar una contradicción, expresa dos dimensiones complementarias del trabajo mágico.
En este sentido, la corriente 93 no debe entenderse como una invención aislada de comienzos del siglo XX, sino como la reemergencia de una antigua tradición teúrgica que atraviesa el neoplatonismo, los papiros mágicos del mundo helenístico y la magia ceremonial occidental. Desde esta perspectiva, la obra de Crowley aparece menos como la creación de un sistema nuevo y más como la manifestación contemporánea de una corriente espiritual muy antigua, que vuelve a expresarse en el lenguaje ritual y simbólico de nuestro tiempo.
El amor es la ley, amor bajo voluntad.
Referencias
Plotino — Enéadas (ed. Porfirio)
Jámblico — De Mysteriis (Sobre los Misterios)
Platón — Banquete; Apología de Sócrates
Oráculos Caldeos (ed. Ruth Majercik)
Betz (ed.) — The Greek Magical Papyri in Translation (PGM)
Henry Corbin — Mundus Imaginalis
Israel Regardie — The Golden Dawn
Aleister Crowley — Liber Samekh; Magick in Theory and Practice
The Lesser Key of Solomon (Goetia) (ed. Joseph Peterson)
Frater Acher — Holy Daimon
Fernando Liguori — “Símbolos, Metáforas & a Mística do Sagrado Anjo Guardião”, publicado en la revista Corrente 93, No. 11, de la Sociedade de Estudos Thelêmicos.
[1] Eneas, del griego enneás (ἐννεάς), “grupo de nueve” porque el texto está dividido en seis conjuntos de nueve tratados cada uno.
[2] Los Papiros Mágicos Greco-Egipcios (PGM) son una colección de textos rituales escritos en Egipto entre los siglos II a.C. y V d.C., principalmente en griego. Contienen invocaciones, himnos y operaciones mágicas dirigidas a diversas deidades como Hécate, Helios o Isis, junto con nombres bárbaros de poder. Constituyen una de las fuentes más importantes para comprender la magia ritual y la teúrgia del mundo antiguo.





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